lunes 22 de noviembre de 2010

bajamar

un pie delante del otro, hijo mío. así debe ser la vida... no vayas a ser tú quién la cambie. 
las mareas siempre suben, e irremediablemente, bajan... para luego volver a subir, y religiosamente ordenadas, bajar.
un piedra en el zapato siempre ha sido molesta al andar, por más que te acostumbrases a ese dolor y te produciese un placer obligado y cotidiano... no vengas a cambiar los cánones.
dar más de lo que te piden puede conducirte a la ruina espiritual, a sentirte vacío por la inmensa y plana sensación de ser incomprendido, de errar nuevamente, y creer que en los otros siempre surge el error que tú también conllevas... uno siempre piensa que sus padres son los buenos.
leer cuando te conviene gritar puede ser educado y cívico... pero jamás aliviará tu desasosiego, ella jamás volverá, y esos versos bien podrían haber sido prosa callejera y lastimosa.
elliot, damien, leonard, ismael, jorge, pedro, lisa, lauryn, james, enrique, antonio, nacho... cualquiera en cualquier época, ninguno en ninguna ocasión... y todos que desaparecen para dejar lugar al pacífico y aplastante silencio.
yo te quise como nada en este vasto universo puede hacerlo... pero también comencé a dejar de hacerlo cuando empecé a bajar, a hundirme entre tu arenosa orilla... y subiré de nuevo con enérgica espuma y bravura, regalándote olas de majestuosa luz y fuerza... sí, bajaré y subiré, no te preocupes.

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